Hay un error desde el título de este post. Nunca se termina con un encantador, porque nunca se empezó con él.
El encantador te envuelve, con palabras, con gestos y cariños, pero es sólo cáscara e ilusión. Sirven claro y si se estuviera en la misma disposición, sin duda sería una experiencia gratificante y placentera para ambos.
Cuando este no es el caso, existe un encantador donde es imposible hablar de una relación horizontal, no. Hay alguien que inconscientemente está dispuesta a ser encantada y el embrujo tapa los vacíos disfrazándolos con cualquier excusa que nuestra cabeza pueda inventar.
Esto hasta que la burbuja se rompe y vemos que todos los encuentros y todas las palabras tenían un objetivo claro que envueltos en una nube rosa no podíamos identificar.
Y una al mirar todo en perspectiva podría sentirse mal, tonta, utilizada, pero no. Esa es la misión del Don Juan, hacernos creer que somos únicas y especiales por ese breve instante que quisiéramos fuera toda la vida.
No voy a hablar mal de ellos, no tengo rencor, por lo menos a mi me trajo fantasía hasta que ésta ya no fue suficiente, hasta que ya no es que hiciera mal, pero tampoco hacía bien. Al contrario, creo en la gratitud y el cariño por las experiencias.
Pero el encantador es sólo eso, aire, que al momento de traerlo a la realidad ni siquiera acusará recibo del final. Incluso falsamente acongojado, seguirá intentándolo porque él es atemporal, libre. Siempre bello, siempre adorable pero al mismo tiempo vacío e impenetrable.