Sobre la gordura, parte II

4 02 2011

Hace casi tres años, escribía sobre la gordura, sobre la mía obvio y las reflexiones que una cuasi operación me habían precipitado.

Hoy, 20 kilos menos, otra cuasi operación y un terremoto que removió cosas que creía no eran parte de los kilos, me obligan a hacer una actualización a las cosas que dije ese abril del 2008.

Está recontra dicho que un tratamiento serio de la obesidad tiene que estar monitorieado por un grupo de profesionales. Yo opté por el equipo del Centro de Tratamiento de la Obesidad (CTO) de la Universidad Católica. Con ellos aprendí algunas cosas que creo que pueden ser útiles para quiénes como yo, se enfrentan día a día a una autoimagen disminuida, a segregación, a calores espantosos y a enfermedades que no tendrían por qué estar amenazando su salud.

Aprendí que la idea es nunca estar a dieta, eliminar esa terrible palabra del vocabulario y de la cabeza. El cambio está en comer diferente, en no saltarse ninguna de las cinco comidas diarias (y a veces eso cuesta), a que comer cosas calóricas a veces es permitido cuando sumamos a nuestra vida el ejercicio periódico.

También aprendí a identificar aquellos sentimientos que me hacían comer en exceso. ¿Cómo? Muy simple, se hace una tabla en donde se escriben las veces que comemos de más o de menos. Qué comimos, a qué hora, qué pasó en ese momento, qué sentimiento asociado estaba presente y que acción puede reemplazar el atracón o el no comer. Por ejemplo: Me salté una comida, estaba trabajando, no hay un sentimiento asociado sino que simplemente lo olvidé por estar concentrada en otra cosa, pero puedo poner una alarma que me recuerde que debo comer.

Después de un par de semanas, sorprendentemente se logra sacar un patrón y reconocer nuestras acciones frente a la comida.

En mi caso, descubrí que yo no cambio mis hábitos frente a la pena, como Hollywood y sus películas generalmente grafican en los chicflicks, sino con la rabia.

Otra cosa que me pareció importante es la relación que tenemos con la comida para castigarnos o premiarnos, la idea es que la comida sea parte de nuestra vida, que la disfrutemos, pero no que sea un medio de gratificación o castigo, eso genera una dependencia bastante enfermiza con ella, genera culpas, frustraciones, le da poder sobre nosotros y debe ser todo lo contrario.

No es fácil, sigo luchando con los 10 kilos que aún me quedan por bajar, pero ya no corro riesgo cardiovascular, ya me siento bien con mucha de la ropa que tengo, es más, hay mucha que sencillamente tengo que regalar. Ya puedo subir una escalera sin jadear, ya puedo caminar más que Kung Fu y no tener repercusiones al día siguiente. Me siento orgullosa.

Más allá de esto, lo importante es que ganarle a la historia, botar las trancas sobre el cuerpo, sobre lo que la sociedad con sus Activias y Nexts nos dicen que es un cuerpo sano; es que bajar de peso es un camino para volver a querernos, para devolvernos el control de nosotros mismos, de sentirnos bien, de salud y de brillar con algo que estaba bajo muchos kilos de grasa y que curiosamente no era opacado por ellos, sino por lo que creíamos que significaba ser obesa en el mundo.

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2 respuestas

5 02 2011
Andrea

:) es difícil distinguir donde está la presión social, el autocastigo y demases. Pero adelgazar es atreverse a mostrarse tal como uno es. Y sana. Un abrazo

24 06 2011
barbara herrera

A puro mostrarse! una es linda, guapa, sabia e interesante! qué mejor!

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