El juego del balón

21 12 2009

En mi familia, desde chicos, siempre nos dijeron: pueden tener cualquier tendencia política, sexual y religiosa, pero el equipo de fútbol que les tiene que gustar es la Universidad de Chile.

Así crecí, apoyando a un equipo que nunca ví salir campeón hasta 1994, cuando tenía 17 años, con figuras como Matador Salas, Ronald Fuentes, los hermanos Castañeda, Superman Vargas y Paragua Delgado. Antes de eso, mucho antes, seguí a un plantel que lejos del glorioso Ballet Azul, llegó a pisar los potreros de la segunda división en 1988 y que forjó (porque la palabra es esa y no otra) un temple a punta de frustraciones para soportar los embates infantiles.

Fueron innumerables idas al estadio llenas de ilusión y retornos con caras apagadas en el último minuto, para luego pasar a la gloria y vivir en los noventas, torneos mágicos de un Nacional vestido de azul.

Todo hasta que se vició el ambiente y luego de  un penoso incidente, decidí no ir nunca más al estadio hasta que pudiera pagar una entrada que me evitara dichos inconvenientes.

Esto, sumado a mi larga temporada fuera del país, me hizo alejarme de algo que me hacía vibrar, que sin entender detalles técnicos más sofisticados, pintaba mi domingo y me hacía estar pendiente de lo que pasaba con mi equipo.

Era pasión por el fútbol y creo que ella no tiene que ver con el género.

Los hombres están condicionados desde pequeños a girar en torno al mundo del balón, si no pregúntenles a los que no les gusta la pelotita, pero con los años, he visto como no estoy sola en este cuento y que muchas compartimos el placer de jugar y ver fútbol.

Conozco hombres que no hablan con mujeres del tema, que si una hace un comentario, es igual a como si hubiese hablado el viento y siguen su conversación. Otros más públicos como el Loco Gatti, derechamente ha dicho que las mujeres y el fútbol no, que mejor se vayan a lavar platos.

Las sociedades no cambian tan rápido como una quisiera y hoy en los Premios El Gráfico, pude comprobar que éste, sigue siendo un mundo de hombres que para mí es tremendamente atractivo. Aquí de cierta forma, recordé lo mucho que me gusta este juego y que las pasiones, a pesar de los años siguen latiendo.





Volviendo a las pistas…

19 12 2009

Hace unas semanas,  una tarotista me dijo que debía volver a explotar mi talento creativo, porque básicamente hay que trabajarlos para que pasen de ser habilidades a algo más (siempre pienso en la parábola de los talentos… 13 años de colegio católico, aunque sea el San Juan Evangelista, no se pueden olvidar fácilmente y la culpa siempre encuentra un lugar por donde molestar).

La cosa es que me he propuesto volver a escribir, no sé a ciencia cierta que este sea uno de mis talentos, sobre todo después de leer en las últimas semanas blogs que me hacen por lo menos dudar, (El desierto entre las flores o Just a citizen por ejemplo) de mi capacidad para ser elocuente y apasionada en lo que escribo, o que por último que a alguien le entretenga e/o interese.

En fin, la cosa es que lo pase bien yo ¿no?, así que aquí vamos otra vez aplicadamente.





De la navidad o el desastre de diciembre

19 12 2009

En esta semana de twiteo, la sensación generalizada es de gente muy cansada y estresada.

Tanto es así, que comencé una mini campaña por la sonrisa, así sin más, por el ejercicio de reir. Las estadísticas dicen que quienes ríen más, tienen una mejor calidad de vida.

Si esta es mi percepción del mundo virtual, imaginen la que tengo del real.

Pareciera ser que Santiago a partir del uno de diciembre cambia el rostro y la actitud. El mes que debería ser el de la fiesta de la paz y el amor, de la unidad, de la familia y de los recuentos, simplemente saca lo peor de nosotros.

Hechémosle la culpa en parte al calor, a que es el último mes del año, pero sinceramente creo que no tiene sentido la locura violenta que el cumplir con estas fechas genera.

Soy maniática, las multitudes me ponen simplemente muy nerviosa, pero esto de ver gente peleando por ridiculeces o que te empujen y peguen en la micro y que ante una sonrisa la gente se descomponga, me indica nuevamente que estamos absolutamente desenfocados.

Y no lo digo por los otros, hace unos días mi mamá me invitó a almorzar y le comenté todo esto. Lo terrible fue que mientras me iba a dejar a la oficina por una tontería, le hice el peor de los escándalos… algo está podrido, lo sé.

Debo decir que nunca me ha gustado mucho la navidad. El hecho de ir perdiendo la creencia en su trasfondo (Jesús), me la ha transformado en una fecha vacía, en que los estreses de las navidades pasadas también tienen su cuota de culpa.

Ya adulta y todavía sin sobrinos y/o hijos propios en carpeta, se pierde la ilusión de ver en las caras del resto la alegría al despedazar el envoltorio de un regalo.

Quién sabe, tal vez en mis cabilaciones, la que tiene que cambiar la mirada soy yo.








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