En mi familia, desde chicos, siempre nos dijeron: pueden tener cualquier tendencia política, sexual y religiosa, pero el equipo de fútbol que les tiene que gustar es la Universidad de Chile.
Así crecí, apoya
ndo a un equipo que nunca ví salir campeón hasta 1994, cuando tenía 17 años, con figuras como Matador Salas, Ronald Fuentes, los hermanos Castañeda, Superman Vargas y Paragua Delgado. Antes de eso, mucho antes, seguí a un plantel que lejos del glorioso Ballet Azul, llegó a pisar los potreros de la segunda división en 1988 y que forjó (porque la palabra es esa y no otra) un temple a punta de frustraciones para soportar los embates infantiles.
Fueron innumerables idas al estadio llenas de ilusión y retornos con caras apagadas en el último minuto, para luego pasar a la gloria y vivir en los noventas, torneos mágicos de un Nacional vestido de azul.
Todo hasta que se vició el ambiente y luego de un penoso incidente, decidí no ir nunca más al estadio hasta que pudiera pagar una entrada que me evitara dichos inconvenientes.
Esto, sumado a mi larga temporada fuera del país, me hizo alejarme de algo que me hacía vibrar, que sin entender detalles técnicos más sofisticados, pintaba mi domingo y me hacía estar pendiente de lo que pasaba con mi equipo.
Era pasión por el fútbol y creo que ella no tiene que ver con el género.
Los hombres están condicionados desde pequeños a girar en torno al mundo del balón, si no pregúntenles a los que no les gusta la pelotita, pero con los años, he visto como no estoy sola en este cuento y que muchas compartimos el placer de jugar y ver fútbol.
Conozco hombres que no hablan con mujeres del tema, que si una hace un comentario, es igual a como si hubiese hablado el viento y siguen su conversación. Otros más públicos como el Loco Gatti, derechamente ha dicho que las mujeres y el fútbol no, que mejor se vayan a lavar platos.
Las sociedades no cambian tan rápido como una quisiera y hoy en los Premios El Gráfico, pude comprobar que éste, sigue siendo un mundo de hombres que para mí es tremendamente atractivo. Aquí de cierta forma, recordé lo mucho que me gusta este juego y que las pasiones, a pesar de los años siguen latiendo.
