Vengo llegando de la Avant Premiere de la película chilena La Nana. Una biografía de aquellas mujeres que dedican su vida puertas adentro, con su trabajo y cariño, a familias que no son las de ellas.
La Nana cuenta la historia de Raquel (Catalina Saavedra), una mujer que lleva 19 años trabajando en una casa y que de un día para otro, la señora (Claudia Celedón) decide que es tiempo de que reciba ayuda para realizar sus labores.
Raquel es la dueña del rancho y de los afectos familiares y no está dispuesta a compartir su lugar y su poder. Así pasa un desfile de ayudantes las cuales son sistemáticamente desquiciadas por la Nana, hasta que llega Lucy (Mariana Loyola).
Ella le recuerda su humanidad y la necesidad de afectos reales más allá del cariño que tantos años junto a una familia genera… le recuerda la necesidad de volver a ser ella.
Eso es en términos generales, no quiero contar toda la película.
La historia está contada en forma sencilla, sin grandes pretensiones – como el personaje central – en donde brillan el guión gracias a las buenas actuaciones, por sobre la fotografía, de la cual no puedo opinar mucho porque estaba demasiado cerca de la pantalla para poder hacer un análisis más acabado. Mis reflexiones están más ligadas a la existencia de estas mujeres como verdaderas madres sustitutas dentro de un hogar y la validez que esto tiene en nuestra sociedad actual.
Yo tuve nana puertas adentro durante muchos años, mi nana Caty estuvo con nosotros desde que tenía un año, probablemente compartí más tiempo durante mi infancia con ella que con mi propia mamá, pero hoy me cuesta mucho imaginar una actividad que puede verse casi como esclavitud y del siglo pasado, como algo válido.
Válido porque me cuestiono la disparidad de la ley para las empleadas particulares, como se les llama, y sobre todo porque el rol de la nana se ve como algo denigrante, como si su trabajo no tuviera la misma dignidad que la de un profesional de cuello blanco. Cómo es entendible que recién este año tuvieran derecho a descansar en los días feriados legales o como sólo a partir del año 2011 van a poder acceder al sueldo mínimo nacional.
Eso si hablamos de lo legal, otro cuento es la explotación y los malos tratos que muchas de estas mujeres reciben día a día, eso es algo que cuesta más controlar, menos normar.
Aquellos que vivimos solos, sabemos lo difícil que es mantener una casa limpia, con comida en el refrigerador, para mí por lo menos es un trabajo agotador (por eso lo hago poco jajajaja) y el hecho de que alguien más limpie mi WC no la hace menos persona, incluso creo que se les debería pagar mucho más.
No puedo decir que si llego a tener una familia propia y trabajo todo el día, no necesitaré a una persona que nos ayude con las labores domésticas en el hogar, pero es eso, una ayuda y sin que el que trabajen en mi casa implique verse ir años importantes de sus vidas o más allá… su misma vida.
Sin duda mis reflexiones, así como la película son desde una perspectiva ABC1, porque esa fue mi experiencia y la del director, pero me gustó mucho como retrató al personaje.
Durante los 95 minutos de la película, La Nana te hace sentir todo un abanico de emociones, empatizando de menos a más con Raquel, y a pesar de que se muestran situaciones hilarantes, finalmente es un drama que te deja pensando en lo viciadas que están algunas estructuras de nuestra sociedad chilena, pero al mismo tiempo con un cariño inmenso, dignificando su rol.
Al final de la película el director se la dedica a sus nanas, yo más bien agradezco a las mujeres que han trabajado en la casa de mis papás y que han sido y son parte importante en mi vida: Mi nana Caty, la Margaret, la Maribel y la Rosi.
P.D. Catalina Saavedra descoyante.

