El Señor de los Puzzles

25 01 2010

Horacio D’Ottone, más conocido en el antiguo medio puzzlista como Donato Torechio, escribió más de 10 mil puzzles compactos en diferentes medios nacionales, siete mil de ellos en el Mercurio y de estos, los más célebres eran los de la Revista del Domingo.

Semana a semana muchos chilenos se azotaban e imprecaban en su contra al no encontrar la solución a las palabras y conceptos que proponía, y más de una vez los retos pasaron por sus hijas y sus nietos: Dígale a su abuelo que deje de inventar palabras o ¡y a quién le importa quién es esa tía!

De profesión ingeniero comercial, trabajó en el Banco Central, en la Unión Panamericana (predecesor de la OEA) y en el BID. También dedicó largos años de su vida a la docencia enseñando estadística, lo que mantuvo hasta una semana antes de morir, en la Escuela de Administración Pública.

Todo esto forma un currículum impresionante, pero su gran pasión era la historia de Chile, los datos grandes y pequeños que nos formaron como país. Con su muerte se cerró una fuente de información  para medios y periodistas que constantemente lo llamaban en la búsqueda de alguna referencia.

Nunca le dije Donato, tampoco Horacio… sólo era mi Tata.

Hoy cumpliría 88 años, habría visto el cambio de milenio, la caída del Chino Ríos (de quién era su hincha número uno), la primera mujer en la presidencia, la llegada de un gobierno de derecha, el matrimonio de varios de sus nietos y sería bisabuelo en más de una oportunidad.

Lo imagino chocho en esa condición, tanto como lo era con nosotros; con esa mirada afable y ese escucharnos como personas, no como niños; que nos hacía reír haciendo tonteras como taparse un ojo mientras hacía zigzaguear el auto, que nos llevaba religiosamente a la piscina del Banco Central durante todo el verano y que por unos días nos invitaba a disfrutar de sus vacaciones con mi abuela en Punta de Tralca.

En esa época éramos ocho bestias desatadas por las cabañas, a él le importaba que estuviéramos para tomar desayuno, almorzar, tomar once y comer. Lo que hiciéramos entre medio, era cuestión nuestra. Cómo no lo íbamos a querer.

De él recuerdo su humor, negro e irreverente, nuestras largas conversaciones sobre cosas que sin duda el ya sabía, pero que yo contaba como si hubiese descubierto el hilo negro. Aprendí de su gran amor por el país, por el saber y por las palabras… pero por sobre todo, en mi memoria está lo satisfecho que estaba con su vida.

El día que enfermó, un domingo de ramos, fui a verlo con mi hermano. Llegamos y le dijimos que lo taparan con diario, se rió. También le preguntamos qué flores quería para su funeral, dijo claveles blancos, luego se quedó pensando un rato y dijo: No… quiero rosas, rosas blancas. Hablamos un par de cosas, me regaló un calendario de murales de Chile y se quedó dormido, serían sus últimas palabras.

Una semana después, posterior a la muerte del Cardenal Raúl Silva Henríquez, una llamada a las tres de la mañana iniciaba una carrera a la clínica para besar su mejilla aun tibia, mientras mi abuela, lo amortajaba a la antigua usanza.

A su funeral llegaron amigos, ex alumnos (algunos papás de compañeros míos), buses con alumnos de la época, políticos y familia, era tanta gente y tanta la pena que es difícil recordar con precisión. Durante los días previos y esa mañana escuché historias maravillosas y divertidas de él que me llenaron aún más de orgullo por ser parte de su vida.

También recibí muestras de cariño y condolencias de personas que nunca imaginé que tenían relación con él. Profesores en la universidad, amigos que se habían enterado porque lo habían contado en sus clases de periodismo. Todos esos homenajes póstumos sólo ratificaron que más allá del profesional, fue una buena persona.

Hoy si cierro los ojos, lo veo plácido, enfundado en su ecléctico estilo para vestir encabezado por una guayabera. Sus lentes de gruesos marcos negros colgando de su cuello, con más de algún resto de comida y con una sonrisa eterna, como si su muerte hubiese sido la mejor de sus bromas, y que frente a esta, lo único que nos queda es hacer como él… reír.

Foto: La última que le tomé un par de años antes de que muriera. Era una tarde de invierno no tan fría y pasamos horas conversando con él y mis primas. Esta foto fue la que usamos en su funeral.





Post elecciones

18 01 2010

Y fue. El 51, 6% de los chilenos que votamos dijeron ya no más a 20 años de gobiernos de la Concertación.

Parte de esa votación fue la expresión de descontento y decepción por una coalición desagastada y llena de liderazgos añejos enajenados de lo que el país necesitaba. Y lo digo, porque anoche en la calle no eran  sólo 4×4 llenas de gente linda, las que me enervaban con sus bocinas o batían banderas al borde de las calles.

Hoy tenemos un nuevo presidente, uno de derecha y más allá de mis aprehensiones a lo que ese bloque representa, no le tengo miedo a lo que en los próximos cuatro años pueda pasar.

Mi historia personal me ha enseñado, a veces con dolor, que los cambios si son bien aprovechados, pueden ser el origen de algo mejor, y bajo esa perspectiva no puedo dejar de creer que un gobierno de derecha por cuatro años, repito, sólo por cuatro años, es lo que mejor le pudo haber pasado a nuestro alicaído grupo gobernante.

No creo que volvamos al oscurantismo, porque ahora quienes gobiernan no están solos para hacer lo que quieran. Confío en personas como Tohá, Orrego y Lagos Weber, y también confío en la oposición de nuestra sociedad civil que no permitirá que se agrande la brecha entre ricos y pobres, en que se retroceda en materia de políticas sociales, en que la educación y salud pasen a un tercer plano, a que el deporte quede olvidado, a que la empresa impere sobre las personas.

No tengo miedo porque parto de la premisa de creer en la gente, con todas las decepciones que eso puede traer, y creo en ese 48, 39%.

Lo único que pido es que dejemos los pensamientos apocalípticos de lado. Hace 22 años la derecha nos decía que si ganaba el No, entraríamos en un túnel hacia el pasado y aquí estamos, con un país mucho mejor al de hace dos décadas, pero perdimos el norte y los chilenos fueron implacables… aprendamos por favor. No hablemos de autoexilios, ni del fin de todo lo que se ha avanzado. Eso es lo cobarde, lo fácil.

Hoy está nublado, para muchos una metáfora de lo que anoche se consolidó. Yo sólo digo que aunque no lo veamos, el sol siempre está, y está en todos colaborar con hacer de Chile un mejor país. Recuerden la campaña del 88: Un país sin miedo, sin rencor…

Foto: Portada sitio www.elmostrador.cl del 18 de enero de 2010





Quiero volver a creer en la Concertación

10 01 2010

Así con la propaganda política.

Muy a mi pesar no me gusta la campaña de Frei, por mostrar un futuro apocalíptico si no gana la Concertación, por aludir al miedo. El asunto no es ganar, sino que no gane la derecha… mal.

Guardando las proporciones, me acuerdo de la campaña del Plesbicito del 88 pero con los roles cambiados, el que diga que 22 años no es nada, está muy equivocado.

Cuando jugaba voleyball a uno le ganaban o perdía un partido. El que Piñera sea el próximo Presidente de Chile, no va a ser por él o por el referente que representa, sino porque la Concertación hizo todo para que esto sucediera.

Algunos dicen que la derecha no tiene la autoridad moral para ser Gobierno, ¿la Concertación es capaz de tirar la primera piedra?

Creo que la cosa está en plantearse cómo ser oposición con un gobierno de derecha en democracia. Ya no hay un enemigo tan potente y castrante como la dictadura de Pinochet, la derecha no será tan ingenua para tirar por la borda una oportunidad única y hará todo para que su paso por el poder no sea sólo un suspiro.

Que los próximos cuatro años rearmen a la clase política de centro izquierda, que volvamos a creer en ellos porque quieren trabajar por un Chile mejor y para todos, no por ver que el poder se les escapa de las manos y no saben hacer otra cosa.

Por último post aparte sería el tema de los mails de Navia o el linchamiento twitero a Eduardo Bertrán por no seguir los cánones de los que creen que tienen la verdad, por pensar distinto. Las polarizaciones no son buenas, los últimos 40 años de historia lo demuestran, y creer que todo está bien sin autocrítica, me parece más espeluznante aún que Piñera con la banda presidencial.

Va video con la franja de hoy. En el minuto tres hay un clip que lo tiene todo para ser una joya inspiradora: “No da lo mismo” tiene música pegajosa, actores y referentes culturales como líderes de opinión y un montaje notable. Mi pero: si el mensaje hubiese sido propositivo, mi raya el próximo domingo sería con total convencimiento y no pensando en el mal menor.





A propósito de año nuevo

6 01 2010

Esto lo escribí en marzo del 2004 para el primer número de una revista mexicana que finalmente nunca vio la luz (Jack in the Box). De más está decir que las estadísticas aquí nombradas equivalen a la época y que sencillamente no tenía idea de cuántos nuevos comienzos me esperaban. Disfruten

Yo parto, tú partes, el que reparte se lleva la mejor parte, ¿de parte de quién?, yo parto.

Hablar de parto es remitirse a nacimiento, en primera instancia de una nueva vida, una guagua; pero el siguiente concepto asociado está relacionado con nuestras propias creaciones, con el dar a luz a nuevos proyectos y nuevas ideas.

Entonces nos hacemos la gran pregunta: ¿Es tan importante el parto, como para tenerlo de tema central en una nueva revista? Veamos algunos números para darnos una idea.

Según “Internet Movie Database”, en la actualidad existen 1123 producciones audiovisuales y cinematográficas, sólo en castellano e inglés, que incluyen el concepto parto, concepto tomado desde la acepción producción del entendimiento o ingenio humano, y por sus conceptos declarados o dados a luz (Real Academia). Por otra parte, también como creación artística, el “AMG All Music Guide” expone 2028 títulos de canciones de todos los géneros, en los mismos dos idiomas.

En cuanto a la creación literaria son más de 200 mil títulos que se pueden encontrar sobre parto, tomado como inicio o comienzo.

Más allá de las limitaciones de idioma presentes en estas estadísticas, las cuáles fácilmente podrían duplicar los números, está la inmensa cantidad de producción que no incluye parto en sus títulos, pero nos cuentan historias de comienzos y rupturas casi como un círculo interminable en que el límite entre el término y el renacer casi se funden y dan a luz a algo nuevo, una versión mejorada de nosotros mismos.

Para apoyar esta idea, es necesario remitirse a estadísticas personales que son comunes a la mayoría de las personas, la idea es encontrar cuántas veces hemos partido en la vida, tanto como comenzar algo nuevo, como que ese inicio de a luz a una revelación que haga que nuestro mundo, nunca vuelva a ser como antes. Siempre idealmente para mejor, aunque a largo plazo generalmente lo es.

Hablamos entonces del momento de nacer, o cómo nos cambia el mundo cuando abrimos los ojos por primera vez, cuando tenemos conciencia de que pertenecemos a algo y con un sólo grito hacemos mover cielo y tierra, esto es sólo recomendable y admisible en los primeros años de vida, si estás en los veintitantos ya no es gracioso para nadie.

Al pararnos por primera vez, vemos que el mundo está a 80 centímetros y todo cambia de perspectiva, el mundo se nos vuelve a abrir. Hablamos y miles de posibilidades aparecen. Aprendemos a leer y el mundo nunca vuelve a ser el mismo. Comenzamos la vida escolar y universitaria y los caminos siguen abriéndose, obligándonos a reinventarnos cada día.

Entre tanto, nos enamoramos y desenamoramos, fumamos por primera vez un cigarrillo y nos ponemos verdes de lo asqueroso que es, pero igual muchos adquieren el hábito de la cajetilla diaria, nos vestimos pésimo y quince años después nos avergonzamos de ello. Vamos a fiestas y tomamos aunque no nos guste, hasta que nos encanta. Terminamos el camino destinado y somos consideradas personas capaces de enfrentar el mundo real (concepto que no entraré a definir por razones de espacio), y te das cuenta que nada de lo que habías hecho antes te prepara para pararte solo frente al mundo y tomar las decisiones que enfrentarlo implican.

Teóricamente les siguen trabajos varios, postgrados, convivencia, matrimonio, hijos y así comienzan nuevos mundos y nuevas decisiones.

En total y para mi estadística personal, ustedes pueden hacer la suya obviamente, encontré cerca de 70 cosas o acciones que de alguna forma han hecho un clic,  algunas veces mucho más que eso, y me han sobrecogido, ilusionado, impresionado, decepcionado, extasiado y han hecho que mi vida cambie de dirección, aunque esta no siempre sea aparente y relevante.

Como único dato revelador, recuerdo exactamente el día en que las letras comenzaron a tener sentido y un mundo nuevo se abrió, ya no podía fingir manchas en el papel acompañadas de fotos, me di cuenta que existía algo en el mundo que se llamaba La Bolsa (había tomado la sección financiera) y mi imaginación infantil no entendía como tantos números cabían en una y por qué a su vez tendría que salir una bolsa de números en el diario.

Es en este punto donde el significado de parto adquiere mayor sentido, más allá de la creación, del nacimiento, parto también es alguna cosa especial que puede suceder y que se espera sea de importancia (RAE).

Creo que partimos y descubrimos diariamente, por eso es que tantos escritores, músicos, cineastas, artistas dedican sus creaciones a contar sus pequeñas o grandes revelaciones, o un científico pasa su vida entera buscando el método para realizarla.

Buscamos reinventarnos y renacer, aunque eso signifique no poder volver atrás.